Pero para entonces, ya había aprendido algo importante.
Esto no se trataba solo de venganza.
Se trataba de dignidad: la mía y la de mi hijo.
Me trataron como si no tuviera poder, como si no fuera nada.
Esa noche, descubrieron la verdad.
Nunca subestimes a la persona callada de la sala.
Porque a veces, aquel de quien te burlas es quien ostenta todo el poder.