Caroline Vee tiene 73 años y vive en una pequeña casa en las afueras.
Caroline Vee tiene 73 años y vive en una pequeña casa en las afueras, con una buganvilla frente al porche y un carillón de viento que tintinea con cada brisa. Los vecinos la llaman “la buena Caroline”: una mujer amable y servicial que nunca falta a misa. A ojos de todos, es alguien incapaz de meterse en problemas.
Pero solo Caroline lo sabe: su vida ha sido una sucesión de puertas cerradas desde muy joven, y ella misma las cerró todas.
Hace cuarenta años, cuando Caroline aún era joven, pasó por algo que la destrozó por dentro. No se lo contó a nadie. Lo único seguro es que, después de aquella noche, entró en la iglesia, se arrodilló y rezó con la voz temblorosa de una niña. Se sentía culpable, “indigna”, e incluso llegó a creer que su propio cuerpo era algo… vergonzoso.
Poco después, Caroline se convirtió al cristianismo. Rompió con su vida anterior, se deshizo de los vestidos que una vez la hicieron sentir hermosa y, lo más importante, decidió vivir como soltera.
Sin marido. Sin romance. Sin afecto.
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